
Así lo afirmó el secretario de Defensa de EE. UU., Robert Gates, tras reunirse con su homólogo ruso.
Por su parte, el ministro de Defensa ruso, Anatoli Serdiukov, pidió un alto el fuego inmediato en Libia y el inicio de negociaciones políticas.
Las declaraciones del funcionario estadounidense siguen la línea de las dadas por el presidente estadounidense, Barack Obama, que aseguró que el objetivo de la intervención militar es proteger a los civiles.
"Gadafi debe irse, esa es la posición estadounidense", dijó este lunes desde Santiago de Chile, segunda escala de su gira por América Latina, el presidente Barack Obama.
Pero, al mismo tiempo, Obama dejó claro que 'tumbar' a Gadafi no es el objetivo de la operación militar aliada, subrayando que esta se concentrará en proteger a los civiles libios.
El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, respaldó esta afirmación y agregó que el objetivo de la Resolución de la ONU por la que se ha puesto en marcha la operación internacional en Libia no es expulsar al líder libio, Muamar Gadafi.
"La Resolución 1973 (del Consejo de Seguridad) no pretendía ni pretende la expulsión del coronel Gadafi" del país, su objetivo es advertirle de que deje de utilizar la violencia contra la población, dijo Zapatero en su intervención ante el Parlamento para pedir la autorización a la participación española en esa misión.
Por su arte, Obama también indicó que EE. UU. transmitirá "rápidamente" a otros las riendas de la operación, y que la Otan asumiría en ese escenario un papel de coordinación. "Anticipamos que esta transición tendrá lugar en cuestión de días y no en cuestión de semanas", dijo.
Para los analistas, los comentarios de Obama reflejan un deseo de Estados Unidos de que otros sean percibidos como líderes de la campaña aprobada por Naciones Unidas, entre otras razones, porque Washington ya tiene abiertos frentes de batalla en otros dos países musulmanes.
El jefe de la coalición, el general estadounidense Carter Ham, también excluyó la posibilidad de que las fuerzas internacionales actuaran para apoyar una ofensiva de los rebeldes o para eliminar al coronel Gadafi.
Pero esta ambigüedad ya empieza a suscitar numerosos interrogantes dentro y fuera de Estados Unidos.
"Debemos saber qué piensa el Presidente sobre lo que debe hacerse en Libia", reclamó anoche Ileana Ros-Lehtinen, presidenta republicana de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes.
"Espero simplemente que la necesaria planificación se esté realizando discretamente entre las paredes del Pentágono y del Africom (el comando estadounidense para África), a pesar de la perturbadora incapacidad de la administración para transmitir públicamente los objetivos de esta guerra", escribía este lunes el analista conservador Max Boot en la revista política 'Commentary'. Y añade: "Definir nuestros objetivos en Libia es necesario porque si Gadafi continúa gobernando una parte del territorio libio, la guerra continuará".
Y en medio de esto, ya se hace evidente una falta de sintonía entre los aliados sobre la forma y el fondo de la operación. Francia admitió que la coalición no está "integrada"; Italia exige que la Otan asuma el mando y países como Noruega piden que se aclare el alcance de las acciones militares antes de movilizar a sus pilotos de guerra.
